Un salto de fe: La decisión de emprender
Trabajé durante más de 15 años en la carpintería de mi familia. Fue el lugar donde aprendí el oficio, el respeto por la madera y el valor del trabajo bien hecho. Sin embargo, con el tiempo sentí la necesidad de construir algo propio, con una impronta diferente. En 2020, en plena pandemia y en medio de tanta incertidumbre, tomé la decisión de dejar la carpintería familiar para comenzar mi propio proyecto.
No lo hice solo. Le propuse a Cecilia que me acompañara en este viaje. Ella tenía un trabajo seguro y un sueldo fijo, pero decidió tomar el riesgo y dejarlo todo para apostar al proyecto de nuestro amor. Desde el primer momento sabíamos exactamente qué queríamos: ofrecer un servicio personalizado y distinto a todo lo que había en el mercado.
Detrás de cada proyecto y de la rutina del taller, somos una familia real. Además de llevar adelante la empresa, dividimos el día a día para organizarnos con nuestra hija de 13 años, coordinando el colegio y sus partidos de hockey los fines de semana. Esa misma dedicación, cuidado y organización con la que acompañamos su día a día es la que trasladamos a cada cliente y a cada mueble que entra al taller.